El rio Mesa

El río Mesa nace en la provincia de Guadalajara y termina en la de Zaragoza. 

 

Desde el nordeste de la provincia de Guadalajara, en el pueblo de Selas donde tiene su cuna, se abre paso el río Mesa excavando a lo largo de su curso y con el paso del tiempo, profundas cicatrices en las rocas calizas que transita. Desde los fríos páramos de Castilla en las tierras de Molina, donde se cría y pasa su juventud, pasando por las vicisitudes que atraviesa entre dichas hoces donde madura, hasta llegar por fin a la calmada vega aragonesa donde muere en el embalse de la Tranquera. 

El río es espectador durante su trayecto de diferentes paisajes y pueblos. De sus aguas han bebido y junto a él se han afincado a lo largo de la historia, los celtas y los íberos, los romanos y los visigodos, los árabes y los cristianos. Junto a sus tranquilas aguas han calmado su sed y lo han tenido por aliado los pueblos trabajadores siempre peleados con ese bello pero abrupto y a veces improductivo paisaje. Nunca debieron estar muy pobladas sus orillas, pero hoy en día, las gentes que aún perviven en el valle saben que un futuro incierto se cierne sobre ellos y sus pueblos, porque cada día son más los hogares que se cierran. 
Y mientras tanto, ajenas a los problemas de los ribereños, las aguas del río Mesa siguen lentamente su curso, guardando todos los secretos, desde las sabinas centenarias del secano hasta los jóvenes chopos que guardan la entrada al pantano.

Extracto de un texto dedicado al valle del río Mesa por Juan Julián Gómez, periodista de la revista Turismo Rural:

"Poco antes de llegar a Ibdes y tras recorrer unas decenas de metros por el camino que nace junto al peirón –así llamado en Aragón- dedicado a San Juan, hallamos la gruta de las Maravillas, la ermita de la Soledad, igualmente excavada en la roca y más adelante la nevera donde se conservaba la nieve, que duraba hasta el mes de noviembre. Si queremos visitarlas –y merece la pena-, nos veremos en la necesidad de solicitar las llaves en el Ayuntamiento. 

Esta localidad aragonesa, de intrincadas calles e irregulares pavimentos, se alza en la ladera izquierda del valle, destacando por encima del caserío su hermosa iglesia neoclásica de San Miguel Arcángel, construida sobre lo que antes fue fortaleza romana, mezquita árabe y castillo cristiano, destruido por Pedro I el Cruel.  

A Ibdes llega la cola de La Tranquera, el embalse que frena las aguas del río Mesa; han sido nuestras libres compañeras de viaje pero con la pérdida de su libertad se nos acaba el valle y el ánimo. "Donde hay una voluntad, existe el camino", dijo Rebuffat. Yo les insto a recorrer éste".

ver texto completo
Agradecemos a la Revista Turismo Rural y al autor la reproducción de este texto.

          POESÍAS                                    

                                            Extracto de un poema dedicado al río, a su paso por Ibdes :

Y tras la fábrica, la olmeda
donde el corro de olmos danza
con la anhelada esperanza
del terminar de alguna veda.
 
Sosegado llegas a Ibdes
lleno de juncos y carrizo
donde labras tu ultimo rizo
y de todos te despides.
 
Tu epitafio leo en Tranquera
no puedo olvidarme de esa,
tu manera. Así pues Mesa,
puedes pedirme que te quiera.

                                                               Lamento del río Mesa

¿Por qué no queréis ya mi agua?...
se lamenta el río Mesa,
mientras recorre la vega
mirando las piezas yermas,
de Valqueme y La Laguna
a la antigua Dehesa.
¿Por qué ya no me apreciáis
como en tiempos no lejanos?...
Sí por hacer un edén
de esta tierra enamorado,
abandono mi Castilla,
cual si fuera un renegado,
y suspirando por mí
queda el lugar donde nazco.
Oigo que el Jalón no logra
saciar la sed de sus campos,
y ya se disputan mi agua
y la del Piedra mi hermano.
Mientras tú, mi querido Ibdes,
de mi tan privilegiado,
al que generosamente
enriquezco y engalano
no alcanzas a valorar,
tesoro tan codiciado.
Mi caudal será tu vida,
si sabes administrarlo
Mas, piensa que las costumbres,
se hacen leyes con los años,
y pueden dárselo a otros
si no sabes apreciarlo.
¿Por qué no me queréis ya?
(pasa el Mesa sollozando)

fuente: revista El pelado de Ybides nº10