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ROBERTO PÉREZ
ZARAGOZA. El embalse de La Tranquera es, hoy por hoy, la única
presa de regulación para todo el valle del Jalón. De él
depende el suministro de agua a la ciudad de Calatayud, la primera en
número de habitantes tras las capitales de provincia aragonesas,
así como el abastecimiento a uno de los valles agrícolas
históricos y más extensos de Aragón. El embalse de
Mularroya está incluido en el Pacto del Agua de Aragón desde
1992 como obra a realizar, pero el proyecto está frenado. Sería
el embalse intermedio que resolvería la carestía que con
frecuencia aparece, cuando La Tranquera es incapaz de dar de sí
para atender la demanda de todo este valle. En épocas de sequía,
la situación se pone de manifiesto y, en los 90, se vivieron jornadas
de tensión por las restricciones que se aplicaron en los regadíos.
Para resolver estos problemas, el Ministerio de Medio Ambiente, cuando
al frente del mismo estaba José Borrell -de cuyos equipos formó
parte la actual ministra Cristina Narbona- impulsó la construcción
de un sistema de bombeo de aguas desde el río Jalón hasta
La Tranquera. Se hizo, pero nunca se ha llegado a utilizar. Nunca, desde
que se construyó, hace aproximadamente diez años.
Una obra aprobada en 1995
Esta infraestructura se incluyó en el listado de obras urgentes
contra la sequía que aprobó el Consejo de Ministros el 4
de agosto de 1995. Consiste en unas balsas reguladoras dispuestas a aprovechar
aguas sobrantes del Jalón en invierno. Estas balsas están
en Alhama de Aragón. Allí se instaló un sistema de
bombeó desde el que parte una larga tubería que lleva las
aguas hasta La Tranquera. Fue una obra multimillonaria, que se llevó
buena parte de los 4.000 millones de las pesetas de 1995 que asignó
en aquel momento el Gobierno central para obras contra la sequía
en Aragón.
La contradicción que supone el haber construido una infraestructura
de este tipo sin que nunca se haya llegado a poner en funcionamiento se
pone aún más de manifiesto en estos momentos. En abril del
año pasado, la Junta de Gobierno de la Confederación Hidrográfica
del Ebro (CHE) aprobaba el «II Protocolo de actuación en
sequía en la Cuenca del Ebro». Para el valle del Jalón,
ese documento establece que el sistema de elevación de aguas desde
el Jalón a La Tranquera debe ser una de las primeras medidas a
aplicar cuando el embalse esté en nivel de prealerta o alerta.
Esos niveles se fijan a partir de unos umbrales mínimos de agua
almacenada. Dichos umbrales ya se han dado en los últimos meses,
en un momento en el que la falta de lluvias vuelve a dejar sus efectos
en esta presa.
Ahora tiene que actualizarse
Pero, aunque se quiera poner en funcionamiento este sistema de elevación
de aguas, no se puede en este momento. Según ha explicado a ABC
el presidente de la Junta de Usuarios del Jalón, Jesús Ángel
Lamuela, se ha comprobado que, dado el tiempo que lleva sin uso, este
sistema precisa de una puesta a punto importante. Según los cálculos
realizados, hará falta realizar trabajos por un importe de aproximadamente
un millón y medio de euros. Habrá que licitar las obras
y esperar a que se realicen, a pesar de que la infraestructura está
ahí desde hace diez años y de que, desde hace casi uno,
se fijó que debía ser una de las primeras herramientas a
utilizar ante un bajo nivel de reservas en La Tranquera.
Así las cosas, como la época de riegos arrancará
en abril, y descontando el tiempo que haría falta para poner a
punto esta infraestructura, en el mejor de los casos sólo podría
usarse en marzo antes de que acabe el período de riegos. Es decir,
que sólo podrían obtenerse entre hectómetro y medio
y dos hectómetros de agua para La Tranquera. Pero lo más
probable es que se tenga que esperar a realizar estas obras y poner en
marcha el sistema de elevación pasado el verano. Si se hubiera
utilizado de otoño a primavera, se habrían aportado a La
Tranquera unos caudales extra de unos 15 hectómetros cúbicos.
La presa tiene capacidad para 83 y, en estos momentos, está al
42 por ciento; hace un año, estaba al 50 por ciento.
Ahora, en el Jalón se confía en que llueva antes de que
empiece la campaña de riegos. De no llegar agua suficiente, la
situación podría ser complicada.
F. SIMÓN
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