Los expertos no aclaran la identidad de Avellaneda

El Periódico de Aragón (21-01-2005 )

EL PERIÓDICO. Valladolid | El anuncio a bombo y platillo de que el congreso que se celebra en Valladolid sobre El Quijote aportaría pistas sobre la identidad de Alonso Fernández de Avellaneda, pseudónimo del desconocido autor de una segunda parte apócrifa de la novela de Cervantes, no acaba de cuajar, lo que ayuda a mantener la incógnita.

Ayer, dos fueron las teorías defendidas. El profesor de la Universidad de Valladolid Javier Blasco apuntó a Fray Baltasar Navarrete como autor de El Quijote de Avellaneda , teoría rebatida por Francisco Martín Jiménez, para quien el escritor de la obra fue el aragonés Jerónimo de Pasamonte.

Blasco basó su teoría en una comparación de los lenguajes de La Pícara Justina -atribuida a Navarrete- y de El Quijote de Avellaneda y destacó que existe una coincidencia de expresiones, giros y modismos. A su juicio, las similitudes son "muchas y apabullantes", y añadió que también existe relación de fechas y de lugares, ya que El Quijote de Avellaneda se imprimió en Barcelona, en el mismo lugar que La Pícara Justina.

Para Martín Jiménez, sin embargo, Cervantes ya conocía el manuscrito de Avellaneda desde 1611 "y desde entonces hizo varias referencias conjuntas a la vida de Pasamonte y al Quijote apócrifo en varias de sus obras".

"Fue en la segunda parte de su Quijote donde Cervantes reveló de manera más evidente que Pasamonte era Avellaneda, al decir de manera inequívoca y por cuatro veces que era aragonés, e insinuó el verdadero nombre de Avellaneda a través de dos personajes relacionados con el apócrifo como son Ginés de Pasamonte y Don Jerónimo".

Según Martín Jiménez, Pasamonte (natural de Ibdes) fue un soldado al que Cervantes, enojado por atribuirse una actitud heroica en Lepanto protagonizada por el manco genial, lo ridiculizó en la primera parte de El Quijote (1605) al situarlo como un preso camino de galeras llamado Ginés de Pasamonte y Ginesillo de Parapilla.

Enfadado a su vez el aragonés, quien también sufrió cautiverio por los turcos, decidió vengarse con la publicación del referido apócrifo, que precedió en un año a la verdadera segunda parte.