Crónica de la Semana Santa     

Por Semana Santa se entiende la semana que dura desde el Domingo de Ramos al Domingo de Resurrección, pero en nuestro pueblo los actos empiezan los viernes anteriores a esta semana con la celebración de los Vía crucis a dos ermitas situadas a unos 500 metros del pueblo, una la del Santo Sepulcro, y la otra la de la Virgen de la Soledad, se hace en viernes alternos, uno a cada lugar y se va cantando el "Reloj de la Pasión".

El Sepulcro, como vulgarmente se le conoce, es una pequeña ermita, donde hace ya bastantes años había ermitaños que vivían allí recogidos y haciendo penitencia y cuidando del santo lugar, la antigüedad de este lugar es muy grande, según nos explica José Esteban Lorente en su libro, pudo ser el segundo templo que se construyó en el pueblo para actos religiosos, y anterior a la venida de los moros a estas tierras.

Se compone de una entrada cubierta de ladrillo de obra vista y con una forma muy singular, y dentro un pequeño habitáculo donde se encuentra la urna con Nuestro Señor y un centurión de grandes dimensiones en posición de vigilante, y con un ropaje parecido al usado por los centuriones que se ven en la celebración de la Semana Santa de nuestro pueblo. Este centurión siempre nos ha chocado y hasta hecho miedo, cuando de niños veníamos aquí, estoy convencido de que es una talla de valor artístico interesante. 

 

La Soledad enclavada en una cueva natural de estalactitas y estalagmitas, y en un paraje tranquilo y natural a orillas del río Mesa.

Dentro de la ermita se venera una imagen de la Virgen de la Soledad y se daba la vuelta al altar por una cueva para volver a salir, ya que una estalactita ocupaba el centro del habitáculo, actualmente está en mal estado por haberse desprendido dicha gran piedra.

Antiguamente cerca de esta ermita existía otra iglesia llamada de San Juan, y entre ambos monumentos había una gran cruz sobre una gran roca llamada del Calvario, y en este ambiente, según nos explica José Esteban Lorente, se celebraba la Semana Santa de una forma muy real. También junto a este paraje se halla situada la finca de 12 anegadas que según cuentan los mayores, administraban los doce discípulos que se vestían de tales en la celebración de la Semana Santa, y a estos mismos se les daba después del lava pies un pan y unas monedas, y el sábado o domingo de Gloria se les ofrecía una comida.

No hemos podido encontrar nada escrito sobre estas tradiciones y su antigüedad pero bien podían remontarse al siglo XII, cuando se instalaron por estos parajes, precisamente, la Orden de los Templarios o después la de San Juan de Jerusalén, pues eran monjes y caballeros y una de sus misiones era cristianizar los lugares donde se instalaban.

 

Martes Santo, día de los Terceroles. Empiezan los actos realmente característicos. Este día por la mañana ya llegaba, o se iba a buscar al predicador o predicadores que habían de hacer los 5 sermones, base central de los actos y que los del  lugar esperaban y después recordaban durante todo el año por la gran fuerza emotiva que sabían imprimir. ¿Cuantas veces nuestros abuelos nos habrán hablado de alguno de estos famosos predicadores? Al anochecer empieza la procesión del Vía crucis de los Terceroles, en la que un discípulo vestido de morado lleva una gran cruz al hombro, y antiguamente le acompañaban sus hermanos cofrades hasta un número de 12, también sale el paso llamado de Jesús con la Cruz a cuestas y el Cirineo. Durante el trayecto se cantan unos cánticos antiguos tipo romance que se han ido conservando a través de los tiempos.

Tercerol era cada una de las personas que en la procesión iban vestidas con túnica negra y la cara tapada, traje que usaban también los hermanos de diferentes cofradías, y en particular los de la Orden Tercera, de donde proviene este nombre y se decía de la Orden Tercera, a cada una de las tres órdenes seglares de San Francisco, Santo Domingo y Nuestra Señora del Carmen. En este día se suelen encender luces al paso de la procesión y antes se hacía mediante los típicos faroles puestos en los balcones de las casas y con velas dentro, y en la calle de los Perros era y es típico el llenar una cuerda, de lado a lado de calle, con candiles y los vecinos se cuidan de mantener encendidas las torcidas mientras pasa la procesión.

Muchas personas hicieron de Jesucristo en esta procesión, y todavía se recuerda a uno que le quedó el nombre de "tío Dios", más adelante lo hicieron  la familia de "los Pecas", y más reciente la familia del "tío Regalo", por supuesto que dedicamos un entrañable recuerdo a todas estas personas que con tanta sencillez nos han sabido transmitir estas costumbres desde antiguo. Al acabar la procesión, en la iglesia, se celebraba el primer acto importante que era el sermón de la pasión, que por ser el primero acudía todo el pueblo, y esto les servía de pista de cómo iba a ser ese año la Semana Santa, ni que decir que el predicador también lo sabía y seguro que había ensayado mucho lo que les iba a decir en ese día.

Sigue siendo la procesión de los Terceroles la más sencilla y a la vez la más íntima de todas, y la más personal de los que viven permanentemente en el pueblo, ya que este día son pocos los vecinos de fuera que acuden a la misma.

El orden en que se va en la procesión creo que se ha mantenido desde tiempo inmemorial, los niños y hombres encabezan la procesión y se va alargando ésta, a medida que se va avanzando por el pueblo, por algo es la más larga de todas las procesiones, en medio la cruz, detrás el párroco oficiante y "el paso", y finalmente todas las mujeres, este orden se mantiene, pero no con tanta rigidez

 

Jueves Santo. Empezaba el día, hace ya algunos años, con los Santos Oficios, y con repique de campanas se abrían las puertas de la iglesia de par en par  y daban 

entrada los centuriones, que ese día se solían vestir de rojo, y una vez celebrados los oficios se acompañaba al Señor hasta el Monumento situado en un lugar precioso y original de la iglesia, adornado con diferentes tamaños de arcadas, todas ellas con figuras y detalles y dando una perspectiva de profundidad, y ahí se quedarán los centuriones en fila y de guardianes del Monumento, relevándose de tiempo y en tiempo y por parejas para salir fuera a descansar.

LOS CENTURIONES

Daban el tiempo justo para comer, y pronto se oían las "carraclas" que los niños con tiempo nos habíamos hecho hacer con unos cuantos trozos de madera y que el tío Mateo, primero, y el tío Claudio, después con mucho cariño nos habían ayudado a componer, estas anunciaban la salida en procesión en la que se cantaba con un acento singular aquel "Salir hijas del Sión, salir muy apresuradas, salir que lo he visto...etc,", los niños solían llevar frascos con agua endulzada con caramelos dentro, ya que aquel día los actos eran muchos y había poco tiempo para tomar o comer algo, o bien por corresponder ayuno de los de antes. Al llegar a la iglesia se hacía el sermón de la Ultima Cena y el Lavapiés de los discípulos, y en donde se les daba el pan y las monedas.

En la actualidad los actos se han recogido a la tarde, que es cuando se celebran los oficios, y dentro de estos la misa de la Ultima Cena y el Lavapiés, haciendo su entrada en este momento los centuriones, e igualmente que antes, haciendo el acompañamiento hasta el monumento. Todavía se sigue practicando la costumbre de dar el pan a los discípulos que acuden al lavapiés.

Es hora de hablar de cuatro personajes llamados "de la Rasera" y que llevan una vara larga acabada en un óvalo con inscripción, que junto al que lleva el pendón negro con una cruz griega  en el centro y el que lleva la campana, debían de ser los organizadores de todos los actos de la Semana Santa, este nombre les puede venir, o bien por la forma de la vara, con cierto parecido a una rasera, o bien por el rasero que significa "palo cilíndrico que sirve para rasar las medidas de los cereales", o bien por la función que ejercía con rigurosa igualdad, sin la menor diferencia.

Estos son los encargados de encabezar las procesiones con el pendón, de avisar cuando empiezan los distintos actos con la campana, de ir a buscar a los predicadores y autoridades, poner orden durante las celebraciones y hacer de guía en las reverencias que se realizan en el último acto de la plaza Mayor, delante de la Cama de Nuestro Señor.

Actualmente corren peligro de desaparecer, pues ya sólo se visten dos o tres personas.

Al atardecer se celebra la procesión llamada de los Judíos, son tres los personajes que se visten con antiquísimos vestidos rojos, capucha negra y descalzos van arrastrando unas cadenas y tocando un cuerno de cristal muy antiguo y manejando un látigo que les sirve para ahuyentar a los que se les acercan.

En esta procesión empiezan a salir la mayoría de "pasos" que son de madera y muy bien vestidos, al estilo de la época y con colores llamativos, y que se han ido manteniendo intactos, siguiendo la tradición de que cada familia tiene su santo para vestir y preparar para estos días, y recogiéndolo de nuevo al acabar la Semana Santa.

Esta procesión es muy bulliciosa y no permite el recogimiento, parece como si la fiesta que llevan los judíos se transmitiese a todos los que acompañan la procesión y sólo los "pasos" que van delante nos vuelven a recordar que estamos asistiendo a un acto de Semana Santa. Al llegar la procesión a la iglesia se acaban los actos característicos del día.

Viernes Santo. Este día empieza con una "Aurora" a las 6 horas, donde por las calles del pueblo se cantan canciones típicas, y entre ellas la famosa poesía de Machado de "quien me presta una escalera" con una tonadilla muy especial que suponemos genuina de la tierra.

Antes, la Aurora se celebraba a las 3 horas, y a las 6 horas con los centuriones en su sitio, se hacía el sermón de la "Ofetada" muy singular y querido por el pueblo.


Después de la Aurora se realizan los dos últimos vía crucis, uno al Sepulcro y a continuación el otro a la Soledad, acompañados siempre con cánticos típicos de la Semana Santa.

Antes, a las 3 de la tarde, ya volvían a comenzar los actos, con una procesión en la cual se cantaba una canción que aún hoy todos los niños que entonces la cantábamos lo recordamos, "Salir hijas de Sión, salir muy apresuradas, salir que lo he visto yo...,etc.", era una canción larguísima y todos los niños la llevábamos escrita, pues D. Isidro, maestro y vecino del pueblo, que durante muchísimos años ejerció la docencia en el pueblo y que fue uno de los que más se preocupó por estas tradiciones en esa época dura por el olvido que poco a poco se apoderaba de mucha gente del pueblo o por la gran emigración padecida, se preocupaba de escribirla y darnos copias a todos los niños, y creo que no sería difícil encontrar todavía alguna de ellas. En esta procesión ya salía el Ángel Custodio, niño vestido de ángel con grandes alas y un vestido azul celeste, zapatos y medias blancas, y una corona, y una gran espada en algunos actos y en otros llevaba un estandarte.

Después de esta procesión los llamados de la Rasera, acompañados por el Ángel Custodio, iban a buscar al párroco celebrante y a las autoridades, y dando una pequeña vuelta al pueblo iban anunciando e invitando a todo el pueblo a la celebración del Santo Entierro de Jesús el Nazareno (todo esto se hacía con unos cantos típicos, que por suerte todavía se recuerdan). Actualmente empiezan los oficios a media tarde, con lecturas y adoración de la Cruz medio cubierta, y a la cual además de los centuriones, judíos y discípulos también pasan a besar las autoridades y el pueblo, y de nuevo los centuriones acompañan al Señor bajo palio desde el Monumento hasta el Altar Mayor donde se quedará ya guardado.


La iglesia se cierra al público, y dentro se prepara todo para el gran acto. Este es el del Abajamiento (acción y efecto de abajar, verbo abajar: subir, aclaramos este punto por haber mucha gente que intenta cambiar esta palabra por descendimiento, por creer que la anterior está mal dicha, y la verdad es que es perfecta).


Precede al abajamiento, la lectura y sermón de las siete palabras, con la iglesia toda en penumbra, la Cruz tapada por un gran velo negro y el Altar Mayor cerrado con su s grandes y bellas puertas, la iglesia rebosar y todo el mundo pendiente del acto.


En este acto el predicador es de una importancia extrema, ya que todo se ha de realizar como se hace siempre y la gente está muy atenta a las palabras, a los gestos, y todo lo memoriza, lo recuerda, pudiéramos decir que la gente está más receptiva que nunca.


En este punto es un honor recordar a uno de nuestros paisanos que vivió por el año 1530 al 1585, y que fue el padre Miguel gobierno, que como dice Latassa "fue famoso predicador, y de gran doctrina, fue de las primeras dignísimas plantas de la Compañía de Jesús". Fue predicador de Felipe II, y junto a otro famoso llamado Gallo, de ellos decía este rey cuando los oía predicar "bien canta el Gallo, pero lindo es el Laúd", comparaba a nuestro paisano con el laúd por ser este un poco "corcovado", no hemos podido comprobar si llegó a predicar en nuestro pueblo, aunque es fácil que sí, seguro que de pequeño oyó estos sermones y de ellos debió de aprender mucho.

Acabadas la siete palabras el oficiante ordenará, con voz decidida, retirar el gran velo que cubre la Cruz, y esta se iluminará y detrás de ella veremos que esperan, también de cara al público, la Virgen, la Verónica y San Juan como testigos de todo lo que se va a hacer. El Ángel Custodio, con la espada en alto, va a buscar a Nicodemos y Juan y los acompaña al pie de la Cruz, donde les espera José de Arimatea y los tres procederán al abajamiento. Pausadamente irán ejecutando las órdenes del oficiante para ir desclavando a Cristo de la Cruz, e irán enseñando la corona, los clavos y el cuerpo de Cristo herido a la Virgen, la cual con lágrimas en los ojos y tapándose la cara con un pañuelo que lleva entre las manos dará la sensación de estar pasando todo el dolor infligido a su Hijo.

Uno a uno, el letrero, los clavos, la corona y el martillo empleado en el abajamiento se colocan en la Pianilla, y el cuerpo de cristo en la cama preparada para El, y tapado con una mantilla negra se procederá a realizar el Santo Entierro, en el cual van a participar todos los presentes, pues se necesitan más de 120  personas para sacar en la procesión los 11 pasos, además de la Cama y la Pianilla (esta llevada a hombros por cuatros niños vestidos de Tercerol). También saldrán las 12 tribus de Israel en estandartes, y 15 cruces negras de madera que llevan los niños, siguen los judíos ya sin cadenas ni trompetas, los centuriones que van señalando el camino con sus golpes de pica, el Ángel Custodio, los de la Rasera, los discípulos, ...etc.

En la Plaza Mayor se instala la cama y se procede a pasar delante de ella arrodillándose tres veces pautadas y señaladas por el del pendón, y mientras, es cantado el Miserere.

La procesión reanuda la subida a la iglesia, y después de pasar a besar el pie de Cristo en la Cama, los actos se dan por acabados, se va quedando vacía la iglesia, se cierran las puertas y un año más, sin aplausos, pero satisfechos de haber continuado la tradición de nuestros mayores, los actos característicos de la Semana Santa han acabado. Estas tradiciones iban acompañadas de otras costumbres más populares como eran las diferentes comidas que se hacían esos días, las reuniones familiares en casa de los abuelos y los juegos de los niños a imitar lo que veían hacer a los mayores.

Pero no debemos olvidar que todas estas tradiciones también han pasado por momentos difíciles y de falta de comprensión, y a veces hasta algún oficiante se negaba a participar en tales manifestaciones religiosas-populares y las criticaban, es entonces cuando varias familias del pueblo aguantaron el peso de la tradición y el pueblo, en su gran mayoría, las apoyó y han podido llegar hasta nuestros días con muy pocos cambios fundamentales.

La Asociación Cultural Amigos de la Villa de Ibdes está totalmente decidida a colaborar para que nuestra Semana Santa sea la mejor manera de participar de una gran mayoría del pueblo en un proyecto cultural y tradicional común.

texto: Pascual Aranaz Esteban