Colaboraciones - Crónicas de Actualidad-______________
El recuerdo de San Roque
La fiesta de San Pascual
Romería a San Gregorio
Crónica Semana Santa 2003
 
 

textos: Ana Esteban - periodista del diario Heraldo de Aragón

 

El recuerdo de San Roque

Fiestas Agosto 2003

Con el verano a punto de dar sus últimos coletazos, en nuestra memoria se van agolpando decenas de recuerdos, que ahora ya no son vividos con la intensidad del momento, sino con la calma que proporciona el paso del tiempo.
De esta manera, si tuviéramos que hacer un repaso de cuantos actos tuvieron lugar durante las fiestas en honor de San Roque y Nuestra Señora de San Daniel tal vez olvidaríamos algunas de las actividades programadas, pero esta pequeña crónica no pretende ser un recordatorio del programa de festejos, sino un reconocimiento a todas aquellas personas que durante cinco intensos días y seis movidas noches hicieron todo lo posible para que la fiesta llegara a todos y cada uno de los rincones de nuestro pueblo.

Este año, para abrir boca, los festejos comenzaron con una "cena de amigos" la noche del pasado 14 de agosto. La cita fue en la plaza de toros y el objetivo degustar un rico guisado de toro salpicado de risas bromas y buen ambiente. Más tarde, un par de horas o tres después, llegó el momento dulce de la noche: el bautizo de pasteles que puso punto y seguido a una noche que prometía ser y de hecho fue muy larga.

Durante el resto de los días los actos programados se fueron sucediendo uno tras otro en diferentes escenarios de la localidad. Así, la Puerta Aldea sirvió de punto de encuentro de los más mayores que disfrutaron de una agradable jornada de baile bajo los sones de la orquesta "Brisa".
También los "chicos y menos chicos" encontraron en este rincón alternativas de ocio más que suficientes y buena prueba de ello son las gymkhanas organizadas, donde el agua, los globos y la harina se convirtieron en los sustitutos naturales de las videoconsolas, las muñecas y los juegos de ordenador.
Mientras, los menos jóvenes disfrutaron como enanos recuperando antiguos juegos tradicionales que muchos de nosotros ni siquiera sabíamos que existían. Así, el tiro de gallata, o la herradura llamaron la atención de más de uno.

Y mientras unos se divertían en la Puerta Aldea otros hacían lo propio en la Plaza Mayor, escenario, siempre que el tiempo lo permitió, de los mejores bailes de la temporada, tanto en modalidad de jota como de rock o de salsa.

En este rincón, bajo la atenta mirada del reloj consistorial, y animados por la batuta de las orquestas invitadas , vecinos y forasteros movían el esqueleto hasta que el cuerpo aguantaba al ritmo de los Davices, (Bisbal, Bustamante y Civera) y las Chenoas.

Pero como ya saben los que suelen visitarnos, las fiestas de nuestro pueblo no serían lo mismo si la noche no culmina en el verdinal o en la peña de los Locos, lugares donde siempre hay garantizada una rica cerveza (o un cubata, depende de la confianza) y unas buenas risas.

Además, este año, durante varias noches, la Cuesta del Molino, sirvió de improvisado cenador y allí, al calor de las brasas y el excelente olor de los chorizos asados, los que así lo quisieron pudieron continuar las fiestas hasta bien entrada la madrugada. Y más tarde, a eso de las nueve o las diez de la mañana, a desayunar a la "Morena" o a la panadería de la Angelines, lugares de culto en estos días de fiesta.

Pero como todo lo bueno se acaba, el día 19, una enorme traca puso punto y final a unos festejos que si por algo se han caracterizado ha sido por la participación activa de los vecinos y visitantes. Participación que no siempre se traduce en colaboración, pero esta... es otra historia.

 

La Fiesta de San Pascual

San Pascual Bailón - 17 / 05 / 03

 

En nuestro municipio, la devoción "santera" ha sido una constante religioso-festiva que ha permanecido con el paso de los años, tal y como ocurre con las celebraciones que, anualmente, se organizan en honor a San Pascual, el santo pastor y una de las figuras más queridas del santoral.

Las celebraciones en honor a San Pascual, personaje que nace en Torrehermosa el día de Pentecostés y muere, en la misma fecha, en Villarreal, comenzaron en nuestro pueblo allá por el siglo XIX, a instancias de doña Vicenta Doñoro y de su hijo José María de Liñán, que fundaron la cofradía como tal, y que estaba compuesta, en un principio, por un número considerable de pastores que, a la hora de apuntarse, tuvieron muy en cuenta la profesión reconocida de esta figura religiosa.
La capilla que hoy alberga al santo fue construida después de que don Antonio Doñoro, padre de doña Vicenta, fuera autorizado, en agosto de 1826, a construir este recinto religioso, que inicialmente estuvo dedicado a la figura de San Miguel.
Con el paso del tiempo, la capilla, instalada en la calle del mismo nombre, se ha convertido "en la residencia oficial del Santo Pascual", un lugar que sólo abandona la noche del 16 de mayo, fecha en la que es conducido a la Iglesia Mayor, donde descansa hasta la tarde del día 17 en que baja de nuevo a "su domicilio" en una solemne procesión.
Hasta hace unos años, las celebraciones en honor a San Pascual duraban tres días, comenzando el 16 de mayo con las vísperas, que consistían en una celebración religiosa en la Iglesia, un acto que contaba con la presencia de los peaneros de San José, que acompañaban a San Pascual en su recorrido; y un desayuno compuesto por chocolate y dulces para los cofrades.
El día de la fiesta , el 17 de mayo, las celebraciones religiosas ocupaban un lugar destacado, e incluían una procesión que llevaba al Santo por las principales calles de nuestro pueblo para culminar con una serie de coplas que los vecinos del municipio entonaban en la misma puerta de entrada a la Capilla de San Pascual.
El día 18, última jornada festiva, tenía lugar la tradicional corrida de pollos de San Pascual, que tenía como escenario los alrededores de San Juan, iniciándose en el puente de la Paradera y que concluía en la "Revuelta de los pollos", cruce de caminos que debe su nombre a estas tradicionales celebraciones lúdico-deportivas. La recompensa al esfuerzo consistía en un premio en metálico que en los últimos años ya ascendía a diez duros. En estas pruebas, los mozos del pueblo competían con sus adversarios más duros, los corredores de Cimballa, que, en alguna ocasión, se llevaron "el gato al agua" o, mejor dicho, el pollo.


Actualmente, estas tradiciones se han ido perdiendo y ahora las celebraciones consisten en la Novena a San Pascual, que comienza el día 10 de mayo; las vísperas del día 16; y la celebración principal del día 17, que este año culminó con unas coplas por parte de doña Amalia García, tradicional en estos menesteres, que agasajó al Santo antes de devolverlo a su residencia habitual.

Una nota nostálgica que merece la pena recordar y que hoy os puedo contar gracias a la memoria impagable de Tomás Pérez y a los recuerdos de Pilar y Juana Pelegrín.

 

 

Exito de participación en la celebración de San Gregorio

Romería a San Gregorio

A primeras horas de la mañana del domingo 11 de mayo, la música se adueñó de las principales calles de nuestra localidad por obra y gracia de la charanga del vecino municipio de Cimballa, que llegó a nuestro pueblo con la intención de hacernos pasar un día de lo más divertido.
Con las pilas bien cargadas, los charangueros y los vecinos que quisieron se dispusieron a subir a la ermita de San Gregorio, continuando, de esta manera, con una tradición que se remonta más allá de la memoria del último ibdense vivo.


A las doce de la mañana comenzó la ceremonia religiosa, y tras la bendición de los campos, de norte a sur y de este a oeste, se procedió al sorteo de un magnífico baúl repleto de productos alimenticios, que hicieron las delicias de la familia Esteban Pelegrín, agraciada con este excepcional regalo.
Tras un delicioso vermut, llegó la hora de la comida. Varios centenares de personas se reunieron alrededor de las brasas de una enorme hoguera con el fin de disfrutar de una parrillada digna de los mejores banquetes.
Como ya viene siendo habitual, este año también la lluvia amenazó con aguar la fiesta, pero, afortunadamente, el tiempo se apiadó de los allí presentes y después de comer se pudo disfrutar de un animado baile que concluyó bien entrada la tarde.


Fue una celebración divertida y festiva, realizada con el único objetivo de pasar un día inolvidable y mantener en vivo unas tradiciones que corren el riesgo de perderse si no se hacen actividades de ese tipo. Además, con la celebración del domingo, se rindió un pequeño homenaje a nuestros antepasados, que con su queso y los merengues y pasteles de la Tía Roca y "El Telmo" subían todos los años a la ermita a pedir que el tiempo fuera clemente y las cosechas abundantes. Una celebración que comenzaba bien de mañana, cuando con la peana al hombro se subía al cerro para escuchar misa. Después, una vez reposadas las fuerzas se volvía a bajar la peana , que hacía una parada en la Cruz de la Pasión, donde los peaneros la volvían para que mirara hacia San Lorenzo, mientras en las eras las mujeres y las jóvenes de la localidad hacían los rezos pertinentes.
Esta tradición fue evolucionando con el tiempo, perdiendo algunas costumbres y fue el temor de que desapareciera, lo que motivo que hace cuatro años surgiera la idea de recoger el testigo y ponerse manos a la obra en la recuperación de la ermita, labor realizada por algunos vecinos del pueblo a los que hay que felicitar por su trabajo.


El próximo año, estáis todos invitados: el vermut está garantizado y la diversión también.

 

 

La lluvia y los pinceles protagonistas de la Semana Santa

El cielo anunciaba lluvia esta Semana Santa y los pronósticos meteorológicos se cumplieron a rajatabla para desgracia de las decenas de vecinos y visitantes que esperaban con ilusión el inicio de las procesiones que durante tres días recorrieron nuestras calles en una manifestación de religiosidad y costumbrismo muy particular.

Al anochecer del día de Terceroles, la salida del "El paso" y la Cruz se vieron frenadas por una tormenta que sólo cesó cuando la celebración religiosa se dio por concluida, lo que no impidió que todos los presentes pudieran disfrutar de unos pasos procesionales completamente restaurados, gracias al trabajo constante y disciplinado de algunas vecinas de la localidad, a quienes desde esta página quiero agradecer su esfuerzo y dedicación.

Después de meses de nervios, de idas y venidas, de retoques y pinceladas, este año, los pasos brillaban con luz propia en el interior de nuestra iglesia, un majestuoso edificio que por si sólo ya merece la pena visitarse y que, este año se veía más hermoso si cabe gracias a las tareas de restauración de la cúpula superior, y las paredes de las naves interiores.

Los preparativos iniciales comenzaron el sábado 12 de abril, día en el que la tradición popular ordena "vestir" los diferentes pasos que en jornadas sucesivas tomarán parte en las celebraciones religiosas.

Con la iglesia "patas arriba" y el polvo reinando sobre altares, figuras y santos varios, los habituales de estos menesteres se encargaron de vestir a "Pilatos", "El huerto", "El Paso" o "La virgen llorona", entre otras muchas piezas que, colocadas en sus respectivas peanas, fueron situadas en la parte trasera, junto al coro, a la espera del momento en el que recorrerían las calles vecinales.

Después de varios días, fregona en mano y plumero al viento, las puertas de la iglesia se cerraron y el silencio se adueñó de esta joya arquitectónica que responde al nombre de San Miguel Arcángel.

Pero el silencio apenas duró unas horas, ya que el domingo por la mañana, festividad de los Ramos, la bendición de los olivos congregó en los alrededores del pórtico a más de un centenar de vecinos, chicos y grandes con sus ramos de olivo y sus palmas cargadas de caramelos.

"Una vez más- pensaron los más optimistas- el hombre del tiempo se ha equivocado", y el sol lucía con fuerza e iluminaba cada rincón del pueblo, y por las ventanas de muchas casas cerradas durante el invierno, penetraban atrevidos los primeros rayos de sol, que iluminaban los rostros de los vecinos y "forasteros", que un año más venían a "ver las procesiones".

Pero el martes, las nubes descargaron con fuerza y los candiles que colgaban en la esquina de la calle de los Perros, tuvieron que esperar una ocasión mas propicia para iluminar el recorrido de los Santos Pasos. No obstante, y a pesar de este pequeño inconveniente, la celebración del Martes de Terceroles se llevó a cabo en el interior de la iglesia.

El día de Jueves Santo, con la lluvia amenazando con convertirse en protagonista de la jornada, llegó la hora de los Santos Oficios y, una vez más, fue necesario esperar hasta el último momento para que fueran doce y no ocho ni nueve, los discípulos que, ataviados con sus túnicas moradas, descendieran por las escalinatas del Altar Mayor, y ocuparan sus puestos en los bancos destinados para ellos.

Tras una homilía larga e intensa, llegó el momento del lavatorio, acto tradicional en nuestra localidad que consiste en lavar los pies a los discípulos, a la vez que se les entrega una hogaza de pan, como recuerdo de la Cena Pascual.

Después de este acto simbólico, se procedió a llevar el cuerpo de Cristo al Monumento, situado junto al Coro, en la parte inferior del órgano. Tras un pequeño recorrido por la iglesia, encabezado por los "de la rasera" se dio por concluida la ceremonia litúrgica.

Inmediatamente después, para evitar "un desalojo masivo de fieles", comenzó la Procesión de Jueves Santo, más conocida como "La procesión de los saludos", por la cantidad de besos y abrazos que se suceden a lo largo y ancho de todo el recorrido marcado.

Como no podía ser de otro modo, una vez más hubo problemas para sacar los pasos procesionales y eso que en la iglesia no cabía ni una aguja.

Después de varias "revueltas populares", en las que se propuso la idea de dejar los pasos en su sitio, la voluntad envidiable de los/las más jóvenes del pueblo y algunos/algunas personas mayores dignas de elogio, hizo posible el milagro y las tareas de restauración de Ramón y sus "fieles ayudantes" provocaron los elogios encendidos de los allí presentes.

Fuera del templo, ajenos a la polémica o huyendo de ella, jóvenes y no tan jóvenes, muchos de ellos acompañados de carísimas videocámaras y cámaras digitales se disponían a fotografiar la salida lenta y pausada de los diferentes pasos.

Se trata de una circunstancia que no por habitual deja de ser curiosa, sobre todo porque muchos de estos "kappas profesionales", bien podrían cargar con una peana sobre sus hombros, so pena de que, en años venideros, por falta de pasos que recorran las calles, no puedan hacer esas maravillosas fotos que, lejos de ser originales, se repiten hasta la saciedad.

Pero al margen de esta crítica que me he permitido incluir en esta pequeña crónica, la procesión transcurrió sin incidentes tras recorrer el casco histórico de la localidad y dando gracias al cielo porque las nubes se habían comportado.

La noche ya estaba cerrada y bien cerrada cuando las cornetas de cristal dejaron de tocar y los judíos, con sus pies descalzos y doloridos, entraron en la iglesia dando por concluido el acto más "populoso" de la Semana Santa ibdense.

Al amanecer del viernes, los más madrugadores y algunas trasnochadoras se reunieron en la Portada con el fin de comenzar la Aurora que recorrió algunas de las calles, bajo la letra dolorosa de la poesía de Machado "Quién me presta una escalera".

El Viernes Santo, el revuelo se hizo latente en los alrededores de la Puerta Aldea, después de lograr reunir a seis chicarrones que aceptaron vestirse de centuriones. Tras la indecisión inicial y el miedo al ridículo y las críticas despiadadas de los más puristas, se sucedieron las idas y venidas en busca de espadas, capas, mantos y botas, para completar una estampa habitual en nuestra Semana Santa.

En otros rincones del pueblo, los más pequeños convencían a sus padres para que, con dos tablas, les confeccionaran una cruz de madera de proporciones acordes con su tamaño. En los salones y cocinas de otras casas, muchas madres, abuelas y tías, se afanaban para retocar las alas y los trajes de angelito que lucirían sus hijas/os, nietas/os y sobrinas/os en la Procesión del Santo Entierro.

La jornada religiosa se inició con la santa misa, a las cinco y media de la tarde, pero habría que esperar hasta las ocho y media para poder presenciar los actos cumbre de nuestra particular Semana Santa: " El Abajamiento" y la procesión del Santo Entierro.

Después del "Sermón de las Siete Palabras", y tras proceder al descendimiento de Cristo de la Cruz, con los tradicionales golpes, lágrimas y flases, comenzó la procesión, y después de un intenso recorrido, mucho más silencioso que en la procesión de Jueves Santo, los pasos entraron en la iglesia, esquivando la lluvia. Por desgracia, esta situación no se repitió con los vecinos asistentes, quienes al salir de la iglesia vieron como un mar de agua caía sobre sus cabezas recién peinadas, tal y como la ocasión lo requería.

Las más trasnochadoras volvieron a subir a la iglesia para rezar ante el Monumento y besar sus pies como señal de respeto, bajo la atenta mirada de seis jóvenes voluntariosos que por obra y gracia de unos trajes antiquísimos, se convirtieron en fornidos centuriones que, con gran profesionalidad, llevaron a cabo la tarea encomendada.

A media noche, las puertas del templo se cerraron y volvieron a abrirse el sábado por la mañana, momento el que se procedió a "desvestir los Santos Pasos", no sin antes volver a mirarlos y remíralos para apreciar su belleza, y ese aspecto remozado que tantos comentarios ha despertado estos días y que sólo ha sido posible gracias a la generosidad de decenas de personas anónimas que con sus donaciones han hecho posible este pequeño milagro.

Por último, el punto y final tuvo lugar el domingo de Resurrección, con la misa y salida en procesión de la "Virgen de los pajarillos", o más bien de los gorriones que, gracias al buen hacer de Tomas, alzaron el vuelo por el interior del templo.

Los más pequeños miraban hacia las cúpulas con asombro, mientras los mayores salían por las puertas que conducen al pórtico con una sensación agridulce, consecuencia directa del fin de unas celebraciones que con tanta ilusión han esperado durante todo el año.

Sirva esta crónica para expresar mí más sincero agradecimiento a todas aquellas personas que hacen posible que una tradición como la de nuestra Semana Santa no se pierda por falta de interés, voluntad o ganas de participar.
A todos vosotros, gracias de corazón. Estamos muy orgullosos de vuestro quehacer diario.
Hasta el año que viene.
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